Cuando empezamos en este camino de escritura solemos complicarnos la vida. No es que lo hagamos a propósito, es que parece que, si no, no demostramos lo que sabemos, lo que podemos hacer. Y nos enredamos en oraciones interminables con subordinadas de las que no sabemos cómo salir.
Pero tienes que pensar en el lector. Si tú te pierdes al escribir una oración o en párrafos complejos, o cuando los lees una segunda vez no te suenan bien, es porque no se entiende. La claridad es una máxima en la escritura.
Puede que, de aquí a unos años, cuando hayas dominado las mil y una técnicas de escritura, seas capaz de manejar la gramática como si hubieras nacido con ella bajo el brazo. Hasta que llegues a ese punto, cíñete a frases sencillas con la estructura básica de sujeto + verbo + predicado.
*Consejo estrella: lee la frase en voz alta, ¿cómo te suena? Leer en voz alta siempre te dará las pistas para saber si algo funciona o no.
¿Parece rebuscado o incoherente? ¿Hay algo que no funciona, aunque no sepas bien de qué se trata? Prueba a simplificar la oración y darle la estructura lógica. El resultado es pura magia.
Te pongo un ejemplo:
“Se imaginó Daniela que la carrera la ganaría sin esfuerzo alguno.”
Corrección: “Daniela se imaginó que ganaría la carrera sin esfuerzo alguno.” Sujeto + Verbo + Predicado
Otro consejo relacionado con este punto: nunca hay coma entre el sujeto y el predicado. Nunca. Jamás de los jamases. Te sorprenderá la de veces que vas a ponerla sin querer.
La buena noticia es que escribir con sencillez no significa escribir sin profundidad. De hecho, muchas veces, cuanto más simple es una frase, más directa y poderosa resulta. El lector no se distrae ni se pierde: recibe el mensaje de forma limpia, sin adornos innecesarios que le hagan olvidar el sentido de lo que estás contando.
Esto no implica que tu escritura sea plana o aburrida. Puedes jugar con las palabras, con el ritmo, con las imágenes… pero sobre una base sólida y ordenada. Porque, igual que en una casa bien construida puedes decorar como quieras, en un texto claro puedes añadir belleza, emoción y estilo sin que se tambalee la estructura.
Y si hablamos de orden, hablamos también de lógica interna: cada frase debe llevar a la siguiente como si fuera un paso natural. A veces, basta con revisar el texto pensando: ¿esto que digo ahora tiene relación con lo anterior? ¿Sigue un hilo? Si la respuesta es no, quizá necesitas reorganizar el párrafo o eliminar lo que sobra.
Escribir es, en gran parte, limpiar. Quitar lo que estorba. Ir puliendo hasta que cada palabra esté en su sitio y no sobre nada. ¡No tengas miedo de borrar! No pasa nada por cortar frases largas, eliminar adjetivos innecesarios o cambiar construcciones complicadas por otras más simples.
La sencillez es claridad. Y escribir con claridad y orden es poder enfocarte en transmitir tu mensaje tal y como tú deseas. Porque cuando el lector no se pierde, puede sumergirse de verdad en lo que le estás contando, centrarse en lo importante.
Y eso, al final, es lo que queremos todos los que escribimos: que alguien, al otro lado, nos entienda.
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