El conflicto es el núcleo de tu historia. Es por lo que tu lector está deseando adentrarse en tu narrativa. Es la lucha interna del protagonista consigo o con el mundo. Y también es el elemento que llevará a tu historia hacia adelante, el que cambiará los hechos a partir del momento en el que lo expongas.
En definitiva, el conflicto lo es TODO. Y suena muy potente, lo sé. Quiero que seas consciente de hasta qué punto es importante que determines el conflicto antes de ponerte a escribir tu proyecto. Tu protagonista quiere conseguir un objetivo. Si se lo pones fácil, el lector va a aburrirse enseguida. Necesitas encender esa chispa que lo prenda todo en llamas. El intento de resolución de ese conflicto por parte del protagonista es lo que va a enganchar al lector hasta la última página de tu historia.
De hecho, cuantas más trabas le pongas a tu personaje hasta que alcance su objetivo (o no), más interesado tendrás al lector.
Se dividen en dos tipos: el conflicto interno, que es el que mantiene el protagonista consigo mismo. El ejemplo de Hamlet, de Shakespeare es el más conocido en la literatura universal, pues debe luchar con sus dudas con respecto a la venganza por la muerte de su padre.
Y el externo, en el que se enfrente a otro personaje (Harry Potter contra Voldemort); la sociedad (Farenheit 451, de Ray Bradbury, donde el protagonista lucha contra la prohibición de los libros); la naturaleza (Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, la supervivencia en una isla desierta), o lo sobrenatural (Drácula, de Bram Stocker).
Así pues, tu misión es definir qué quiere conseguir tu protagonista y a continuación, cuál es el problema al que se va a tener que enfrentar para conseguirlo.
El conflicto, además, no solo es el motor de la trama: también es lo que permite al lector conectar emocionalmente con tu protagonista. Cuando un personaje se enfrenta a un obstáculo, ya sea externo o interno, lo que está en juego no es únicamente el resultado de la acción, sino también la transformación de la persona que lo vive. Por eso, cuando pienses en el conflicto de tu historia, no lo mires únicamente como un choque entre fuerzas opuestas, sino como una oportunidad de mostrar quién es tu personaje, qué valores defiende, qué miedos le frenan y qué está dispuesto a sacrificar para alcanzar lo que desea.
El lector no se queda porque el protagonista gane o pierda; se queda porque quiere ver cómo evoluciona. A veces, incluso, el desenlace puede ser secundario frente al proceso de lucha, dudas y descubrimiento. Piensa en todas esas historias donde lo verdaderamente fascinante no es el resultado final, sino el viaje de transformación interior que surge precisamente del conflicto.
Un error común de muchos escritores principiantes es confundir “conflicto” con “acción”. No es lo mismo. Puedes tener escenas trepidantes, explosiones, persecuciones o giros sorprendentes, pero si detrás de todo eso no hay un conflicto real que toque al personaje en lo más profundo, la historia se quedará hueca. La acción entretiene, pero el conflicto emociona, y ahí reside la verdadera magia de la narrativa.
Por eso, antes de escribir, pregúntate: ¿qué quiere de verdad mi protagonista? ¿Qué le duele? ¿Qué se opone a ese deseo? Y, lo más importante: ¿qué va a descubrir de sí mismo a lo largo de esa lucha?
Cuando tengas claras esas respuestas, no solo tendrás un buen conflicto, sino también tendrás el alma de tu historia, el punto clave que enganchará a tu lector hasta el final.
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