Cuando empiezas a escribir siempre hay alguna pieza que te llena de un secreto orgullo. Es esa la que te encantaría enseñarle a alguien para que la valorara. Pero muchas veces, eso se queda en el intento. El miedo y la vergüenza se apoderan de ti y decides postergarlo a cuando tengas algo mejor, o directamente, lo guardas en “el cajón de las cosas que escribimos y no dejamos que vean la luz”.
Todas las personas que escribimos estamos en posesión de ese cajón físico o virtual. Yo misma tengo decenas de poemas y relatos acabados, que están a buen recaudo (que no voy a enseñar jamás, quiero decir). Algunos los considero malos, otros malos malísimos. Pero no importa, forman parte de mi recorrido, así que, nunca los borro porque les tengo cariño. Es más, les hago honor reconociéndolos. Otros, tal vez algún día se los deje leer a alguien y, ¿quién sabe? Puede que vean la luz.
Lo importante es que adquieras confianza en tu proceso y, cuando llegue ese día en el que la obra te llene de calorcito en el corazón, tengas la valentía de compartirlo. Obviamente, hazlo con esas personas que van a saber valorar el gesto y tu trabajo. Y entonces se obrará la magia, porque cuando recibas elogios con amor, tu confianza irá cobrando consistencia. Y ese es el segundo acto, adquirir confianza en nuestros primeros pasos.
La confianza de un artista también es frágil, incluso para los que se han consolidado. No nos vamos a engañar, hay que trabajarla día a día. Requiere de mucho amor propio, al igual que nuestro niño creativo. Pero es que amor es lo que somos y amarnos a nosotras mismas debería ser lo más natural.
Empieza reconociendo que tu voz es única. No es sólo que no debas imitar a nadie, y eso no significa fijarte en otras autoras, sino que no debes compararte con nadie más, pues tu camino de escritura, al igual que tu camino de vida es incomparable e intransferible. Preocúpate por adquirir con tiempo y paciencia tu propio estilo, emanando esa voz que será reconocible a lo largo de tu trayectoria.
Permítete los fallos desde el inicio. Estás probando, no tienes ni idea de hacia dónde vas a virar, qué vas a escribir, por dónde te va a llevar este camino. Encontrar tu voz no es un camino con una dirección recta, clara y sin piedras. Seguramente, como a mí me pasó, empieces por un sendero sinuoso y acabes en una espiral de ascenso. Porque cada vuelta que des en tu autodescubrimiento te lleva hacia dentro y hacia arriba.
La confianza irá llegando despacio, cuando trabajes ese estilo, cuando cumplas pequeñas metas día a día, que no esperabas alcanzar, cuando consigas domar a ese censor interno, cuando celebres cada día en el que te sientas realizada al escribir. Y, sobre todo, cuando aprendas a disfrutar del proceso sin estar pendiente de resultados inmediatos. Cada palabra que plasmas en la página es un paso más en tu crecimiento, una victoria silenciosa.
Con el tiempo, verás que la confianza no es un destino, sino un compañero constante en tu viaje creativo. Celebra cada avance, cada descubrimiento, cada historia que surge de tu interior, porque eso es lo que realmente construye la escritora que ya eres y en la que te convertirás a lo largo del camino.
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