Dado que somos seres sociables biológicamente, seguramente estés rodeada de personas a las que estarás deseando contarles la ilusión que te hace iniciarte en la escritura.
Antes de dar este paso, cerciórate de que tu niña posee una buena red de seguridad interior. Trabaja en tus textos y afianza tu yo creativo. Que seas capaz de decir que te gusta la escritura sin ningún tipo de vergüenza. Y, aun así, seguirás siendo frágil en mayor o menor medida, porque acabas de darle alas a esa niña.
Ahora deseas empezar a dar los primeros pasos hacia fuera. Escoge bien con quién quieres compartir esta información tan preciosa. Hazlo sólo con aquellas personas que sabes que van a apoyarte y animarte. Esos buenos samaritanos que bien te quieren y verán tu andanza en la escritura como una oportunidad creativa increíble.
Estoy segura de que sabes quiénes son. Seguramente sean muy pocos, pero eso no importa. Lo más importante es protegerte mientras tu niña creativa está dando pasos y creciendo en seguridad y fortaleza.
Las palabras de ánimo y los buenos sentimientos te mantendrán en una burbuja, hasta que tengas la confianza suficiente para gritarle al mundo entero que la escritura es tu pasión. Y llegará este momento, créeme.
Otra herramienta muy útil es establecer límites. Debes proteger tu tiempo y tu espacio para explorar y cuidar tu creatividad. Evita las interrupciones, establece líneas definidas de exigencias externas y discierne entre las críticas constructivas y destructivas. De las destructivas es obvio que no debes hacer caso, pero a veces hieren. En esos momentos recuerda que tú creas desde tu autenticidad y enfócate en ti. Establece una barrera imaginaria y decide dejar fuera todo aquello que no te nutre. El espacio que queda dentro es tu zona de protección, de confianza, de creatividad y cuidado. Lo negativo no merece tu energía.
Como todo proceso de crecimiento, tu niña creativa necesita tiempo, paciencia y un entorno que favorezca su desarrollo. Recuerda que en este momento estás sentando las bases de una relación de por vida con tu escritura. Cuidarla significa también respetar el ritmo que tenga, sin compararla con el de los demás. Cada escritora avanza de manera distinta, y tu proceso es tan válido como cualquier otro.
Además, es fundamental que observes cómo te sientes después de compartir tu mundo creativo. Si notas entusiasmo, confianza o una sensación de alivio, sabrás que estás en el lugar adecuado y con la compañía correcta. En cambio, si sales con dudas, desánimo o con la sensación de haberte expuesto en exceso, probablemente tu niña creativa esté pidiéndote más contención. Aprende a escuchar estas señales, porque son brújulas internas que te guiarán hacia un camino de mayor seguridad.
También puedes nutrir el exterior con gestos pequeños, pero muy valiosos: rodearte de lecturas que te inspiren, buscar comunidades afines donde el respeto sea la base, o simplemente permitirte decir “no” cuando intuyas que una situación puede desgastarte.
Cuidar tu yo creativo hacia fuera es un acto de amor propio. Al hacerlo, estarás creando un espacio fértil para que tu escritura florezca en libertad. Recuerda que tu escritura es un acto de amor.
Y te dejo esta reflexión de Picasso:
“Todo niño es un artista, el problema es seguir siéndolo cuando creces”.
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