El universo de las ideas se nos presenta en forma de niebla mental en la que, de pronto, surge un rayo claro como la luz del sol. Puede ser una idea, una frase coherente o incoherente, una palabra… Hay personas que piensan en imágenes, tal vez se te ha aparecido una escena representada.
Sea como fuere, el primer paso para materializar una idea en escritura es capturarla de forma inmediata. Así que ten a mano todas las herramientas que necesites en cada momento, para que nunca te coja desprevenida. Los pósit, las libretas, las agendas, cualquier pape que lleves en el bolso. O el móvil, ya sea con notas escritas o con audios. Cualquier formato te servirá para anotar esa idea que a veces cruza demasiado rápido. Si estás en un momento más delicado como en la ducha o conduciendo, que no puedes detenerte, repite esa idea como un mantra hasta que puedas parar y escribirla.
El segundo paso tiene dos vertientes. Si estás en plena sesión de escritura, empieza a desarrollarla inmediatamente sin parar a juzgarla, sin darle demasiadas vueltas. Confía en tu intuición y tu capacidad creativa para darle forma. No importa que sea imperfecta (seguramente lo sea), aquí lo importante es dejar que fluya que se exprese a través de ti.
La segunda vertiente es que, si no puedes escribirla en el momento, o no quieres (puede que el flechazo haya sido tal que pienses que tal vez no tiene potencial), entonces, madúrala. Déjala a mano en tu lista, pósit, o nota de voz y vuelve a ella en otro momento. Si te produce cosquilleos, si sientes una ilusión genuina, entonces recupérala y ponte a escribir. Si no, aún no la borres, déjala para más adelante, para cuando hagas limpieza de notas. Entonces, tras un tiempo, si las sigues leyendo y no te suscita mayor emoción, bórrala.
Cómo des el tercer paso dependerá de qué tipo de escritora seas. Como escritora brújula, (como yo) imaginarás tu idea de forma romántica, le darás vueltas en tu mente para tener un punto inicial que te marque el camino. Te recrearás en el enfoque, en esa escena inicial desde la que partirás para tirar del hilo de tu historia. Y confiarás en tu proceso.
Y si eres escritora de mapa, ¡felicidades! Porque eres la organización personificada. Aterrizarás la idea de forma realista con velocidad, dándole estructura para poder trabajar con ella, con lo que esa misma estructura te llevará de esa idea inicial a las subsecuentes.
A partir de aquí ya sólo te queda escribir. Déjate llevar por las sensaciones que te produzca esa idea, explórala hasta donde te lleve, sin presión o expectativas y, como siempre, disfruta del maravilloso arte de escribir.
En este punto, la idea ya no es sólo un destello; empieza a cobrar cuerpo y peso en el papel. No te preocupes por la coherencia absoluta en este primer momento. Cada palabra, cada línea, es un puente entre tu mundo interior y la página. Permítete equivocarte porque es un primer borrador, ya tendrás tiempo de pulirla en un momento posterior, cuando corrijas. Cada intento, aunque parezca torpe, te acerca más a la esencia de lo que quieres contar.
Por último, recuerda que escribir es un diálogo contigo misma. A veces tu idea inicial evolucionará, mutará en algo inesperado, y eso es completamente natural. La escritura no es un camino recto; es un laberinto lleno de sorpresas, atajos y callejones que te enseñan a conocer tu propia voz. Por eso, no temas desviarte del plan original: esas bifurcaciones pueden ser el lugar donde surjan las escenas más vivas y auténticas.
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