Es imposible abocarse a la escritura sin ningún prejuicio, lo mismo que es imposible ahondar en ti y no censurarte.
Cuando se trata de volver la vista hacia el interior y extraer de nosotras lo más profundo, descubrimos sentimientos y pensamientos que ni pensábamos que existían, pues todo nace de una profunda reflexión, de darnos la vuelta a nosotras mismas y escarbar con las dos manos.
Así que lo que hallamos ahí en la sombra, en lo profundo, puede provocarnos sentimientos encontrados. Y empieza el ego a hacer su aparición a través, sobre todo, de la vergüenza.
Pero recuerda que todo es un tesoro pues es información esencial sobre ti y sobre lo que realmente deseas plasmar en el papel.
El problema radica en que, cuando te detienes, repiensas, y tachas, para escoger otras palabras debido a esa vergüenza llena de prejuicios, al que dirán, a intentar ser políticamente correcta, y diriges tu camino a base de rigidez, la conexión con tu creatividad empieza a cortocircuitarse y al final descubres que el texto está encorsetado. Muy bonito, muy pulido, muy correcto, pero no funciona porque, ¿dónde está la autenticidad de base? ¿A dónde fue el pacto contigo misma sobre ser honesta?
Por eso te pido que seas valiente. La escritura es un acto de valentía. Cuando estás a solas con tu página en blanco, contigo misma, permítete ser totalmente libre y volcarte con TODO. Esa escritura es solo para ti en esa fase. Déjate llevar, vomita, exhala, empantana toda la página sin miedo, sin pudor, haciendo caso omiso a la voz del ego. Ese momento es un acto de amor a tu creatividad y a ti yo más integrado de luz y de sombra.
Después, cuando empieces a corregir, tendrás todo el tiempo para recortar lo que creas que no debes incluir, pero eso va en un paso posterior, tras una larga meditación.
En un capítulo de mi libro, El último deseo del diablo, salen unos acantilados. Yo me inspiré en unos acantilados famosos en los que ha habido muchos suicidios. Pensé en si debía nombrarlos o no, por la connotación del relato. En un principio lo hice. Al final, en la corrección, taché el nombre; el relato se ambientaba en un futuro distópico y podía funcionar perfectamente sin una ubicación real. Pero si hubiera sido importante para la historia, lo hubiera hecho.
En el proceso de crear, la censura es la muerte de tu yo más auténtico. Es cortar un camino que te traería mucha verdad, autoconocimiento e incluso sorpresa literaria. Tienes el derecho de crear libremente, permítete esa libertad creativa para explorar sin miedos.
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