¿Has tenido o tienes a veces la sensación de que estás descentrada? ¿O de que no eres capaz de mantener el foco, o directamente que estás procesando información de forma muy lenta? A esta sensación de lentitud y de confusión que puede acarrear algunos problemas de memoria, capacidad para tomar decisiones y concentración se le llama niebla mental.
No es una enfermedad en sí, sino el síntoma de otras causas o un estado temporal en la que la mente parece estar difusa, como si los pensamientos no fluyeran, ni tuvieran nitidez.
Las causas son variadas, pero te cito algunas de las más frecuentes:
Y a este punto quería llegar yo ya que, nosotras, mujeres, estamos sujetas a los variables cambios hormonales que vamos a atravesar a lo largo de nuestra vida de forma absolutamente inevitable.
Sabemos que hay muchísimos síntomas que nos atañen por cuestiones hormonales. Con decirte que una vez el dentista me indicó que la acumulación de sarro en los dientes podía deberse a un tema hormonal. Me quedé a cuadros.
Sin embargo, a raíz de esa situación empecé a ser más consciente, por ejemplo, de cómo puede influir nuestro estado hormonal no sólo en nuestro bienestar físico, psíquico y emocional, sino cómo lo hace con respecto a nuestra vida diaria, a esas rutinas que damos por sentadas y que, de pronto, un día, se nos vuelven más pesadas.
Entre ellas está el acto de escribir. Cuando consigues que tu escritura sea un hábito (y eso no significa escribir cada día, por favor tengámoslo en cuenta, sin juzgarnos), si llevamos esa niebla mental con nosotras, escribir se convierte entonces en una tarea titánica.
La niebla mental actúa como un bloqueador del pensamiento. Nos cuesta concentrarnos en cada palabra, coordinar cada frase, y eso si sabemos qué queremos escribir.
Si hablamos de ponernos ante una página en blanco entonces es mucho más complicado volcar esa creatividad con la energía que se precisa.
Luchar contra esa niebla mental a fuerza de voluntad, como si fuese algo a superar y derribar es darse contra un muro. Lo crucial es identificar la base de esa fatiga mental que nos nubla, la causa e intentar ponerle remedio.
Por supuesto, podemos poner mucho de nuestra parte para aliviarla cuando nos llegue, veamos cómo con esta guía consciente:
Y con todo, sé paciente y autocompasiva contigo, escúchate de forma consciente y revisa aquellos puntos que creas que te pueden estar afectando. Toda tú lo agradecerá y notarás mucho más los efectos en la escritura.
Recuerda que no se trata sólo de escribir en volumen, sino de que te sientas bien haciéndolo. Date el tiempo que necesites para explorar tus causas para esa niebla mental que estás experimentando y revisa tus rutinas de autocuidado.
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