Uno de los mayores retos y de las primeras cosas a las que nos enfrentamos en el camino de la escritura es a volver hacia nosotras el foco que teníamos puesto en el exterior.
A partir de ahí, empezaremos a escarbar por capas conforme nuestra escritura vaya profundizando y se vaya afianzando con el tiempo. Es probable que, en un primer momento, no seas consciente del proceso tan poderoso al que le estás abriendo la puerta. Hasta que llega un día en el que te apetece explorar algo que seguramente consideras un límite.
Ese es el momento en el que esa mirada introspectiva nos incomoda, cuando tu ego censor empieza a hablarte a gritos porque no le interesa desaparecer y que explores por tu cuenta esos límites que, normalmente son imaginarios. Son límites impuestos por las normas sociales, muy asociados también al papel tradicional de la mujer desde la perspectiva masculina.
Explorar dichos límites implica la rebeldía contra las normas establecidas y la autoexploración profunda con su consecuente aceptación. Y la escritura, amiga mía, debe salir desde la honestidad y la autenticidad. Si deseas escribir un relato erótico no convencional, escríbelo. Si deseas escribir una novela macabra de terror, escríbela. Si deseas explorar los límites de la moral, explóralos.
Explorar no significa necesariamente que ese proyecto deba salir a la luz. En esa primera etapa de tu escritura, desarrollarás muchos textos que realmente no verán esa luz en ningún momento, pero que serán terriblemente necesarios como baldosas amarillas en tu camino, para que el proyecto final lo haga. No te censures, bajo ningún pretexto.
Así que, ante los límites de la mente, debemos franquearlos para ir más allá, hacia dentro, hacia el fondo, hacia lo que no sabemos aún que está ahí, que vive en las sombras. Y las sombras no tienen que ser necesariamente turbias o infames, puede que no hubieran logrado encontrar el camino para salir a la superficie porque no se lo habíamos permitido.
Mirar a esas sombras es darle nuestra luz porque no sólo las descubrimos, sino que con nuestra consciencia le otorgamos la palabra para que se expresen, incluso cuando nos disgusten, nos asqueen, nos enfaden o nos aterroricen. Debemos mirarlas de frente y no apartar la mirada.
Por eso, la escritura es un acto de valentía y no gana quien más publica, o quien más vende, sino quien sabe mirar a la sombra y escribe desde la autenticidad de su ser.
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